ETERNO

¡Ho visto Manu Ginóbili!

10 de mayo de 2017 - 11:19 hs  |  Por: Julian Mozo @JulianMozo

El bahiense sumó otro capítulo legendario para agigantar su leyenda y, con su vigencia a los 39, definitivamente asaltar el primer lugar del podio de los mejores deportistas argentinos de la historia. La deslumbrante tapa a Harden que recorre el mundo quizá sea su jugada más increíble en la NBA.
Personalidad, mentalidad, experiencia, jerarquía, liderazgo, instinto, frialdad, ambición, compromiso, paciencia...

El Señor de los Talentos lo hizo una vez más. Y para explicar cómo construyó anoche quizá uno de los más legendarios capítulos de su épica carrera tenemos que desgranar las mismas virtudes que lo convirtieron en uno de los mejores jugadores del mundo en estas dos décadas y que, con el tiempo, será reconocido como el mejor deportista argentino de la historia. Porque sí, quizá hubo, hay y habrá mejores en su deporte (Messi, por caso, lo es hoy), pero los (tantos) valores e intangibles que engloba Ginóbili no se han visto en ningún otro. Al menos no todos juntos. Por eso se subraya la palabra “deportista”, que es mucho más amplia que “jugador” de un deporte puntual. Y si encima, ahora, a todos estos talentos (algunos que tenía de nacimientos y otros que construyó) le sumamos vigencia, a los 39 años, en uno de los mejores equipos del mundo, al más alto nivel y en el escenario más impresionante, la afirmación le cae justa. Hablando de alguien que sigue produciendo noches épicas pese a ser el segundo más viejo de una competencia dominada por jugadores que corren más rápido, saltan más alto o tiran desde más lejos…

Este nuevo episodio que disfrutamos anoche en San Antonio no hace más que engrandecer esta leyenda que va directo al Salón de la Fama. Los Spurs estaban al borde del precipicio, en el partido quizás más importante de la semifinal del Oeste. Kawhi Leonard, lesionado en su tobillo, masticaba bronca en el banco sin poder entrar. LaMarcus Aldridge, la otra figura, aparecía congelado y los Rockets amenazaban con llevarse un juego decisivo para luego liquidarlo en Houston. Los obreros (Mills, Simmons y Green) respondían, es cierto, pero parecía que ellos no iba a alcanzar. Hasta que Manu se puso la capa. Primero mostró el camino y luego completó la obra. La icónica tapa a Harden, que hoy da vueltas al mundo en forma de fotos, videos y memes, quedará en la historia como una de las grandes jugadas de los playoffs y, probablemente, como la más increíble del bahiense en su carrera en la NBA.

Porque mucho tiene que ver cómo la hizo, en qué momento y contra quién. Hablamos de Harden, para varios el máximo candidato a MVP, un jugador ofensivo (30 puntos de promedio en esta postemporada) indescifrable, capaz de armar un lanzamiento casi sin tiempo y sin espacio. Y, si te descuidas, de robarte una falta que no quisiste hacer. Las estadísticas avanzadas de la NBA marcan que la estrella de Houston fue apenas bloqueado 12 veces en 847 intentos de 3 puntos durante esta temporada. Claro, a Manu no le importó… Cuando se vio superado por la Barba, el 20 activó su arsenal de virtudes intangibles que lo han hecho único. “Fue un plan arriesgado, pero también era arriesgado dejarlo tirar”, admitió Gino, con su simpleza y brillantez habitual. Manu lo admitió: fue por la tapa. Sin miedos. Saltó, se mantuvo en el aire y con un zarpazo felino, quirúrgico, le metió el taponazo limpio que hizo delirar el AT&T Center y a las millones de personas que lo estaban viendo por TV y streaming.
 
Una acción defensiva que valió un triunfo histórico y significó el 3-2 en una serie que está bravísima. Una jugada que refleja lo que es Ginóbili, la pieza diferente que hace las pequeñas grandes cosas para ganar, sea en ataque o en defensa. Popovich lo sostuvo siempre y anoche, tras el partido, lo repitió. “Estamos hablando de uno de los jugadores más competitivos y ganadores de todos los tiempos”, declaró. En esta ocasión, una vez más, el coach entendió que el argentino había sido la razón del triunfo. “Nos cargó en sus espaldas”, aseguró. Y sí, porque más allá de esa jugada, fue su liderazgo el que hizo la diferencia. Cuando la pelota quemaba, él la agarró y tomó, casi siempre, las mejores decisiones, ya fuera para atacar el canasto, lanzar de afuera, habilitar con ventaja a sus compañeros o decidir ir por una tapa que otros no se hubiesen animado. Era el único que se sentía cómodo y confiado con la pelota en sus manos. 

“Este Juego 5 es como un Juego 7”, dijo Manu en la previa. Una declaración que resumía una actitud que luego notamos en la cancha. Gino exhibió esa mirada de las grandes noches. Y el juego agresivo, atacando el canasto, que él saca a relucir aún más cuando el equipo lo necesita. Por eso, de entrada, no sorprendieron sus penetraciones profundas. Por eso produjo otra de sus mejores jugadas de los últimos años, ese volcadón ¡de derecha!, casi un vintage ginobilesco de la década pasada. Entonces fue normal que Pop lo dejara en cancha en los momentos decisivos y la hinchada no necesitó gritar “todas al 20” para que los compañeros lo buscaran permanentemente para que tomara las decisiones. MG no decepcionó y respondió como en los grandes desafíos de su carrera.
 
En el minuto final, con una penetración y posterior bandeja en la cara del espigadísimo Capela para empatar el partido a 34.5segundos. Y si bien no le dieron la última bola del tiempo regular, fue el 20 quien puso lucidez y orden en un suplementario en el que las piernas pesaban casi tanto como la pelota. El cierre, casi como un guión hollywodense, nos dejó lo mejor. Esa tapa monumental que, de acá a unos años, todos repetirán hasta el hartazgo cuando se recuerde la carrera de Manu, casi al nivel de la palomita de Atenas 2004… Pero hoy, por suerte, no es necesario repetirla porque lo tenemos en vivo. En uno de los mejores equipos del mundo y en el máximo escenario. A los 39. ¡Disfrutémoslo! Ya habrá tiempo para decir Ho visto Manu Ginóbili…

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